Fundación ABEI
 
 
 
 

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Historia
   

“SERVIR ES LA MEJOR OBRA DE UNA VIDA”

Este es el lema, esta es la misión que impulsa al Voluntariado a seguir adelante con esfuerzo y dedicación en nuestra labor profundamente humana y solidaria, de brindar alivio y hacer más llevadera la vida de tantos enfermos crónicos y terminales de toda edad.
En este año 2011 cumplimos 47 años de existencia y, con el pasar del tiempo, hemos logrado formar un grupo de profesionales en todas las áreas administrativa, médica y de servicios generales. En el trabajo y en el esfuerzo de todo este personal, el voluntariado encuentra gran apoyo para cumplir las metas y proyectos programados.
El Voluntariado es el eje central de nuestra obra y el ser voluntaria es demostrar la solidaridad a través del amor a los demás, es dirigir nuestras acciones de servicio permanente y con hondo compromiso hacia nuestros enfermos; ellos son los que deben estar siempre en nuestra mente y nuestro corazón.
En el año 1964 la Señora Maruja de Espinosa empezó su trabajo voluntario en compañía de una Religiosa de las Hijas de la Caridad, cuidando enfermos en etapa terminal que eran dados de alta de los hospitales y que no podían ser atendidos en sus domicilios ni por sus familias.
Ante la creciente necesidad de dar atención a todos estos pacientes, Maruja de Espinosa se empeñó en formar un grupo de voluntarias que ayuden en esta labor y colaboren en la consecución de fondos para poder compartir con estas personas que tanto necesitan de compañía y apoyo material y espiritual.
En 1970 se empezó a formar grupos de voluntarias que debían visitar semanalmente a un número determinado de enfermos que vivían en barrios de la periferia de la ciudad.
En 1973 se constituye la Asociación Benefactora de Enfermos Incurables ABEI. De 1973 a 1976 fue un tiempo de incansable trabajo y por fin vimos realizado nuestro sueño de inaugurar el pequeño albergue ubicado en la calle Bolivia y Av. Pérez Guerrero con 20 camas y donde se atendía a un promedio de 70 a 80 personas anualmente.
En 1982 se recibió en donación del Municipio de Quito un terreno ubicado en el Pasaje Mónaco y Japón donde se inició la construcción del primer edificio, con el dinero obtenido de diferentes donaciones de personas altruistas convencidas de nuestra Misión y diseñado por el Arquitecto Rafael Vélez Calisto.
En 1988, gracias a una donación, se crea el Hogar Infantil con el objeto de brindar atención a niños menores de doce años que requerían tratamientos especializados.

En 1997 el Distrito Metropolitano de Quito realizó la donación de un terreno junto al primer Hogar Adultos en donde se construyó el segundo edificio, el mismo que se inauguró en abril de 2003.

 
 
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